De revoluciones y otras sediciones conservadoras

CC by AmberMelissa

CC by AmberMelissa

Hace un par de días que terminé de leer la novela que ha pasado un mes y medio en mi mesita de noche. Los desorientados de Amin Maalouf explica el relato de Adam, un historiador libanés refugiado en Francia tras la guerra civil que decide regresar al país levantino tras la muerte de un buen amigo de la infancia. Bajo este pretexto Adam se reencuentra con los lugares de su juventud, por los que parece que no ha pasado el tiempo -ni la guerra-; descubre como han cambiado los destinos de sus amigos más cercanos; y, sobre todo, reflexiona sobre el inevitable paso del tiempo. En una conversación que Adam, cristiano escéptico, mantiene con un viejo conocido reconvertido del comunismo musulmán al islamismo más fundamentalista, el historiador explica cómo, a su parecer, el concepto de revolución ha sido reapropiado por la lógica conservadora.

Digamos que es más bien la revolución la que ha cambiado de dirección. Durante mucho tiempo, la idea de revolución era una exclusividad de los progresistas; y un día se quedaron con ella los conservadores. Tengo un colega que está investigando esa cuestión. […] Llama a ese fenómeno la “inversión”. Está preparando un libro y piensa llamarlo El año de la inversión. Ésa es la tesis que él defiende. Opina que las cosas dieron un vuelco muy rápido en el mundo entre el verano de 1968 y la primavera de 1969. Aquel año hubo en Irán una “revolución islámica” socialmente conservadora. En Occidente empieza otra “revolución conservadora” en cuya cabeza se halla Margaret Thatcher en Inglaterra y que continúa Ronald Reagan en los Estados Unidos. En China, Deng Xiaoping inicia una nueva revolución china que se desvía del socialismo y desemboca en un espectacular despliegue económico. En Roma eligen a un papa nuevo, Juan Pablo II, que resulta ser, él también, a su manera, tan revolucionario como conservador… Mi colega ha recopilado así decenas de acontecimientos de la misma época que tienden todos a demostrar que hubo un vuelco que afectó a las mentalidades de forma duradera. La derecha se volvió conquistadora y la izquierda dejó de preocuparse por conservar lo conseguido (p. 371-372).

Tras leer este fragmento caí en la cuenta de la tácita involución que han sufrido los términos, los conceptos e incluso los discursos de la izquierda y su convergencia hacia una retórica más conservadora e inmovilista. Imagino que el autor del fictivo El año de la inversión iniciaría su ensayo con el famoso mayo francés del 68. Las protestas de grupos estudiantiles de izquierda, a las que se unieron grupos obreros, sindicatos y el propio Partido Comunista Francés, desencadenaron la huelga general más importante en la historia del país galo. La supuesta tensión revolucionaria empujó al entonces presidente Charles de Gaulle a convocar elecciones anticipadas que, contra pronóstico, ganó su propio partido, el conservador Unión de Demócratas por la República. En estas mismas elecciones el movilizado Partido Comunista Francés y la Federación de Izquierda de François Mitterrand perdieron representación en la Asamblea Francesa. Este retroceso pudo ser provocado, según parece, por el acercamiento de los protestantes a postulados más bien anarquistas.

Así pues comenzó el hipotético año de la inversión. Ese año en que se le encargó Michel Foucault dirigir el departamento de filosofía de la recientemente creada Universidad VIII de París, universidad experimental fundada a tenor de los hechos acaecidos en mayo. Ese año en que se inicia la “revolución blanda” iraní, que contó con el entusiasmo y el beneplácito teórico del propio Foucault y que, como en el caso francés, acabó con la irrupción de un nuevo gobierno conservador diez años más tarde. Ese año en que, en los eternos juegos del lenguaje wittgensteinianos, la derecha arrebató a la izquierda la tenencia epistemológica de la revolución.

Como dice Amin Maalouf en su novela, a partir de entonces la izquierda dejó de preocuparse por conservar los conseguido. Y así la retórica conservadora se apoderó poco a poco los discursos progresistas. La izquierda no ha sabido mantener el contenido teórico de conceptos como igualdad, equidad, sociedad, comunidad democracia. Ni siquiera ha podido conservar la hegemonía sobre la libertad, retorcidamente malversada por la doctrina neoliberal. Ahora la libertad es el origen, la causa y la justificación de la expansión financiera, el detrimento del bienestar y la imposición de la lógica empresarial en todas las esferas de nuestra esencia. Convertidos en sujetos neoliberales nos hallamos desposeídos de herramientas conceptuales con las que combatir un lenguaje centrado en las leyes de la competencia. Mucho me temo que si no protegemos términos como participación, justiciapluralismo y no conseguimos reapropiarnos de los conceptos sustraídos por la retórica conservadora, nos encontramos abocados a un retroceso social imparable. Las sediciones del futuro no buscarán acabar con las injuticias sociales sino manipular a la sociedad para menoscabar un aparato epistemológico cada vez más debilitado.

Anuncios

2 Respuestas a “De revoluciones y otras sediciones conservadoras

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s