FEMEN: la activista apunta al cielo y el tonto le mira las tetas

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¿Existe alguien que no se haya enterado aún? El 10 de octubre tres activistas de FEMEN protestaron en el Congreso de los Diputados contra la reforma de la Ley del aborto liderada por el Ministro de Justicia. Y sí, enseñaron las tetas. Si revisamos (aquí) la hemeroteca del día nos sorprenderá como lucen en las portadas de El Mundo, La Vanguarda, El Periódico de Catalunya o La Nueva España los pechos de tres mujeres en cuyos torsos se ve escrita la consigna “El aborto es sagrado”. Lejos de analizar lo que cada uno de estos medios relata de la protesta -aunque llama la atención lo incisivo que se muestra El Mundo sobre la educación religiosa de una de las activistas- cabe destacar el revuelo mediático que tan sólo seis tetas ha conseguido levantar.

El movimiento activista FEMEN nació en Ucrania en 2008 como reacción ante el intento del gobierno del país de legalizar la prostitución de cara a la Eurocopa de futbol de 2012. Desde entonces, sus protestas se han extendido por Europa replicando la marca insigne de sus acciones: el uso político del cuerpo femenino. Dicho de este modo pudiera parecer que FEMEN constituye la expresión última de los llamamientos post-feministas a pasar a la acción contra el aparato patriarcal heteronormativo. Sin embargo, este corpúsculo de activistas recibe contínuas críticas tanto desde las esferas conservadoras como desde los diferentes movimientos feministas.

La escritora Beatriz Gimeno expone en su artículo Femen, ¿por qué nadie está con ellas? las reticencias que el modo de proceder de esta organización suscita en los feminismos tradicionales y también en los feminismos herederos de la Tercera Ola. Los primeros, por un lado, azuzan el uso del desnudo como reclamo publicitario machista. Cabría recordar, sin embargo, que además de las esferas institucionales donde el feminismo ha conseguido algunos logros, existen otros espacios que este movimiento tiene que conquistar para que mujeres y hombres se establezcan en igualdad. Entre ellas destacan la dimensión política o la crítica cultural. Pero también la olvidada sexualidad. Como reconoce la autora «cuando nuestro feminismo fue ocupando espacios políticos serios, rechazó lo sexual porque ya sabemos que el ideal de lo cívico descansa en la oposición entre razón, por un lado, y cuerpo y deseo por el otro. Así, lo sexual queda fuera del ámbito de la ciudadanía y, aunque esta separación fuera denunciada en su día por el feminismo, éste ha ido cayendo en lo mismo que denunciaba según alcanzaba mayores cuotas de poder.» De hecho, resulta indignante que no se reaccione ante la contínua exhibición en la publicidad, la pornografía o los medios de cuerpos femeninos para el goce masculino, pero que cuando las chicas de FEMEN usan sus torsos con fines políticos y combativos sean criticadas y censuradas.

En el otro extremo de las vindicaciones feministas se sitúan las corrientes herederas del post-estructuralismo y la Teoría Queer. Desde Rebeca Walker a Judith Butler pasando por Beatriz Preciado o Paco Vidarte, el post-feminismo se sitúa a la vanguardia de las conquistas políticas del feminismo de la Segunda Ola y reclama una ruptura con las categorías culturales e identitarias que hasta ahora han definido los géneros y los sexos. Por ello, reclama una reapropación política de los cuerpos para adquirir nuevas significaciones desgenerizadas y nuevas prácticas sexuales no heteronormativas. Sin embargo, este feminismo queer y post-porno choca de frente con la reclamación de FEMEN de perseguir la prostitución. Beatriz Gimeno intenta justificar el proceder de esta organización nacida en Ucrania recordando que las repúblicas ex-soviéticas son auténticos burdeles en los que la prostitución constituye un grave problema de tráfico humano y trata de blancas fomentado por una fuerte deriva neoliberal. «Es decir, Femen saca las tetas para protestar por todo aquello que al post-feminismo le parece contracultural, trasgresor y, por tanto, casi automáticamente defendible. Y justo porque saca las tetas es rechazado por el otro feminismo, que opina que Femen fomenta los estereotipos sexistas. Así que Femen no tiene en la Europa post-feminista quien le defienda y, por el contrario, molesta a todo el mundo. No parecen reprimidas ni moralistas sexuales, como las partidarias de la prostitución acusan a las antiprostitución (a veces como único argumento) Y, al mismo tiempo, para denunciar la prostitución se desnudan en público, cosa que no les parece bien a las feministas clásicas.»

Otra de las ampollas que levantan las chicas de FEMEN se relaciona con su físico. Las críticas que se lanzan desde muchos bandos apuntan directamente al hecho que la mayor parte de las activistas son blancas, altas, guapas y delgadas y, por lo tanto, no son representativas de todas las mujeres. No obstante este argumento pasa por una estereotipación de la mujer feminista de la que, puede parecer, muchas activistas aún no son conscientes. Además, esta crítica se acerca demasiado al machismo más casposo: puesto que las FEMEN son guapas, que enseñen las tetas no es más que una manera de exhibirse y fomentar el sexismo. En primer lugar cabe decir que no todas las activistas de la organización tienen un cuerpo perfecto -como se puede comprobar en las últimas acciones que han llevado a cabo en Reino Unido- y que no todas son caucásicas. Por otro lado, sería oportuno recordar que nadie acusa de exhibicionista ao la artista Diana Pornoterrorista, una de las activistas más conocidas del feminismo punk, cuando realiza sus llamativas performance completamente desnuda, sino que se la toma como ejemplo de reapropiación política del cuerpo. ¿Por qué ella sí y las FEMEN no?

La última de las críticas que se lazan contra esta asociación tiene que ver con el tono tan duro y tajante con el que atacan a las instituciones religiosas. De hecho, la feminista tunecina Amina Sboui abandonó FEMEN el pasado mes de agosto a causa de su presunta islamofobia. Muchos críticos de FEMEN las acusan de falta de desarrollo teórico y de no ha trabajado en profundidad parte del discurso post-feminista, como por ejemplo las aportaciones post-coloniales y anti-imperialistas. Aquí existe un debate muy interesante y denso que ahora no podemos abordar, pero sería oportuno examinar si la recurrente apelación al empoderamiento autónomo de las mujeres no está ocultando formas de opresión aceptadas por los feminismos católico, musulman, judío o indígena.

Con todo esto no busco posicionarme a favor o en contra de las prácticas de este colectivo, sino buscar aquellos lugares en los que estas chicas están logrando resquebrajar los prejuicios que también existen en algunas luchas feministas actuales. Por supuesto, quedan temas por discutir alrededor de sus acciones, como la ausencia de hombres o transexuales, o la polémica suscitada a raíz del documental Ucrania no es un burdel en el que se descubría que el grupo ucraniano estaba dominado en Kiev por un hombre de conducta muy poco feminista. Sin embargo, si algo han conseguido estas chicas durante estos días en España ha sido revitalizar el debate sobre el retroceso que supone el cambio de la ley del aborto. Sea por su acción, por sus métodos, o por sus tetas, un tema que ya había sido olvidado y que perjudica a las mujeres vuelve a estar en la esfera de la discusión pública y ojalá consigan reactivar los mecanismos de protesta y acción ciudadana.

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