Acabar con la endogamia universitaria, sí. Pero ¿a qué coste?

endogamia2El pasado  veintitrés de marzo pude leer en las páginas del diario El País el artículo titulado La endogamia enferma al campus firmado por los periodistas Elsa García de Blas y Antonio Jesús Mora Caballero. Como investigador predoctoral soy consciente de la marea de problemas en los que navega la universidad española tras el naufragio de la crisis económica. Al toparme con este escrito pensé que encontraría, por fin, una propuesta ante uno de las coyunturas a la que ha de enfrentarse, rápida y eficazmente, la casa del saber: la endogamia.

Ciertamente, la adjudicación de plazas (desde posdoctorales a cátedras) se ve en la mayoría de las veces salpicada por una sospecha de favoritismo. Quien más y quien menos de los que realizamos nuestra vida laboral en una universidad pública española hemos asistido a consejos de departamento en los que se diseñan convocatorias públicas a plazas académicas que ya tienen nombre y apellidos. Y también hemos visto como todos los miembros del consejo emiten sus votos positivos ante tal práctica porque nunca se sabe cuándo alguno de ellos o sus doctorandos se verá en la misma situación. El clientelismo y el favoritismo no son prácticas nuevas en el contexto español y se extienden tanto a los entes públicos como a las empresas privadas. Hijos de, primos de y colocados por copan puestos de trabajo públicos y privados, minando la selección por méritos y experiencia. Y ante esta situación, atónitos, permanecemos callados.

El problema al que se enfrentan muchos académicos radica en que, a pesar de tener buenos currículos de investigación y docencia, no acceden a plazas docentes porque su nombre no estaba escrito de antemano en las libretas del tribunal del concurso público. García de Blas y Mora Caballero informan con gran detalle que algunas adjudicaciones en las universidades han sido impugnadas porque habían sido convocadas para perfiles muy ajustados. Sin embargo, en la mayoría de los casos, no es lo angosto de la convocatoria la que elimina a los candidatos, sino la falta de relación estrecha con los miembros del tribunal. La endogamia emana de los propios departamentos: son los mismos miembros del consejo departamental los que nombran a los componentes del tribunal del concurso. Éstos, a su vez, suelen ser miembros del departamento y acabarán eligiendo al candidato local. Y así, se cierra el círculo. Blanco y en botella.

Resolver esta coyuntura no es una cuestión baladí. Los gestores universitarios y los legisladores se enfrentan a unas universidades reticentes ante la entrada de profesores ajenos y poco proclives a adaptar nuevos métodos de selección de personal. Para ello, han de realizar estudios comparativos de otros sistemas universitarios que hayan logrado purgar la endogamia y, así, aumentar la productividad científica. Sin embargo, cuando el artículo de García de Blas y Mora Caballero se adentra en las posibles soluciones aportadas por el comité de sabios para la reforma universitaria, enumera una retahíla de medidas que podrían haber sido extraídas de cualquier manual de economía escrito por el mismísimo Milton Friedman.

Si bien acabar con la endogamia universitaria es deseable a fin de implantar procesos de selección del profesorado por méritos, cabe preguntarse si esta reforma ha de llevarse a cabo a cualquier coste. Una de las primeras preguntas que me surgieron tras leer el artículo fue por qué los profesores locales eran peores. García de Blas y Mora Caballero esgrimen que, según un estudio publicado en 2010 por Laura Ruíz-Castro y Luis Sanz-Menéndez, ambos del CSIC, los científicos locales tienen una productividad científica menor que la de los científicos móviles. Es decir, que aquellos que consiguen una plaza fija a una edad temprana ven disminuida su producción frente los que optan (voluntaria o involuntariamente) por una investigación deslocalizada e internacionalizada.

En primer lugar, cabe advertir que la población de este estudio, tal y como se puede leer en su sección de métodos, se centra únicamente en profesores procedentes de las áreas de Ciencias Biológicas y Médicas, Ciencias Naturales y Exactas y Ciencias Tecnológicas e Ingenierías. Eso, por un lado, supone olvidar otras ramas del saber que, aportando gran cantidad de alumnos a las universidades, no son tenidas en cuenta para modelizar las reformas universitarias. Me refiero, entre otras, a la Filosofía, las Ciencias Humanas, las Ciencias Sociales, el Derecho o la Arquitectura. Por otro lado, constata que los criterios de producción científica que se tienen en cuenta para todas las áreas universitarias han sido importadas de las dinámicas propias de las Ciencias Naturales y las Ingenierías. De este modo, se transportan los tiempos y formatos de los trabajos científicos propios de un bioquímico, un físico o un ingeniero a los de un historiador, un sociólogo o un urbanista. Pero nunca a la inversa. El problema que esto conlleva tanto a unos como a otros está todavía por resolver y se debe, en gran parte, a los criterios de calidad de la producción científica establecidos por la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA) que, en detrimento de los trabajos de reflexión, crítica o ensayo, valora únicamente los artículos breves publicados en revistas científicas. En consecuencia, la mayor parte de temas de investigación vienen determinados por las empresas gestoras de los famosos índices de impacto, perjudicando notablemente la independencia científica. De hecho, cabría preguntarse si, a pesar de que las revisiones de los artículos sean ciegas, el enchufismo o el amiguismo no existen también en las dinámicas de publicación. Del mismo modo que en el consejo departamental se vota a favor del tribunal para garantizarle la plaza a un compañero con miras a cuando a uno mismo le toque presentarte a concurso, ¿no es posible que se revise favorablemente el artículo de un colega sabiendo que cuando yo sea revisado obtendré el favor de vuelta?

Dejando estas preguntas en el aire y siguiendo con el estudio del CSIC, cabe plantear la necesidad de conocer cuáles son los temas de investigación de los científicos analizados antes de extraer conclusiones generalistas sobre los beneficios de la movilización. Si bien existen objetos de investigación ubicuos que pueden ser estudiados desde cualquier lugar siempre y cuando existan recursos económicos, existen otros que, por necesidad, están ligados a un espacio físico. Es así en el caso de algunas disciplinas tan dispares como la Geología, la Biología Evolutiva, la Geografía o la Historia. En el caso de que se investigue un proceso metamórfico localizado, un evento de especiación particular, las dinámicas migratorias en una ciudad o que ciertos documentos históricos se encuentren en un archivo local, ¿por qué se ve obligado el científico a alejarse del lugar donde se encuentra la muestra? No hace falta ir muy lejos para encontrar la respuesta a esta pregunta. La primera referencia que utilizan Ruíz-Castro y Sanz-Menéndez en su árticulo es un estudio publicado en 2008 por Louise Ackers, de la Universidad de Liverpool, en el cual se analizó la movilidad de científicos europeos y se constató como, en gran parte de los casos, éstos reconocían que habían realizado estancias internacionales para cumplimentar los requisitos burocráticos de sus universidades de origen y no para conocer nuevas maneras de trabajar. Es decir, que la movilidad no siempre garantiza la internacionalización y que aquélla no siempre es requisito para realizar un trabajo científico de calidad.

Asimismo, no deberíamos olvidar los principios básicos de la Universidad, entre los que se encuentran mejorar su entorno y establecer un diálogo con la sociedad que la sustenta. En consecuencia, la investigación y la docencia relacionadas con temáticas locales y regionales deberían tenerse en cuenta a la hora de diseñar los planes estratégicos de las universidades. La transferencia recíproca del conocimiento local a la universidad, y de la universidad a su comunidad local, será la que facilitará la construcción de sociedades sustentadas en el conocimiento. Y este conocimiento tendrá que ser plural, independiente, holístico y crítico.

Una de las advertencias del comité de sabios para la reforma universitaria que recogen García de Blas y Mora Caballero en su artículo es la del supuesto peso excesivo que tiene la docencia en la acreditación de la calidad científica. Como recuerdan, en la evaluación que realiza la ANECA, la docencia (y otras actividades profesionales) es valorada con un máximo de 35 puntos, mientras que la actividad investigadora con solo 55. Para alentar los grandes talentos científicos, dicen, se tendría que cambiar el baremo aumentando la ratio para la investigación y disminuyendo el de la docencia y la gestión. Esta opinión va en consonancia con muchos gestores universitarios que, al parecer, han olvidado que la docencia universitaria (y concretamente, las matrículas de los estudiantes) es lo que, en gran medida, paga sus salarios.

El desprestigio de la docencia universitaria constituye otro de esos problemas a los que se enfrenta la universidad española que, sin embargo, nadie parece dispuesto a solucionar. En los nuevos sistemas de distribución de horas de trabajo asentados tras la publicación del Real Decreto-ley 14/2012, los profesores con bajo perfil investigador son castigados con más horas de docencia. Es decir, la docencia, para un profesor universitario (y quiero recalcar la palabra profesor) es una tarea de la que huir y una penalización que soportar.

Como investigador predoctoral, pero también como profesor novel, la situación en la que se encuentra la docencia universitaria me preocupa sobremanera. Los estudiantes universitarios han visto incrementadas sus matrículas hasta en un 65% y se encuentran con profesores a los que no se les valora su actividad docente ni las evaluaciones que reciben al final de cada semestre por parte del alumnado. Algunos profesores deciden formarse para mejorar su docencia y dedican buena parte de su tiempo a la preparación y revisión de sus asignaturas, pero lo hacen por voluntad propia y sabiendo que este tiempo tendrá poco reflejo en sus currículos. Los criterios que contempla la ANECA para puntuar la docencia (esos 35 puntos que tanto parecen molestar a algunos) se basan en el cumplimiento de las horas de docencia asignadas y la publicación (que no aplicación) de innovaciones docentes, teniendo las evaluaciones por parte del alumnado un peso ínfimo.

Mi interés por mejorar mi docencia y, con ello, servir a los estudiantes como se merecen, me ha llevado a inscribirme en el máster de docencia universitaria para el profesorado novel que ofrece la Universitat de Barcelona. Junto con la treintena de compañeros de las diferentes facultades que cursamos este máster, hemos constatado como existe una comunidad del profesorado universitario que sigue considerando la docencia un pilar básico de su trabajo y que ésta no puede ni debe quedar relegada ni supeditada a la actividad investigadora. Tal vez, y puestos a trasportar métodos propios de la empresa a la universidad, se podrían plantear tipologías de carreras académicas para profesores preocupados por la docencia y para científicos que prefieren centrar su tiempo y su esfuerzo en su investigación.

Por último, me gustaría comentar una cuestión que surge a colación con la reducción de plazas fijas en la universidad y el fomento de la movilidad permanente: ¿no tienen también los científicos, pertenezcan al área que pertenezcan, a conciliar su vida laboral con la profesional? ¿Ha de renunciar a su vida personal un científico para alcanzar sus metas profesionales? Forzar a nuestros científicos a la movilización constante y a la falta de estabilidad hace que no respetemos sus derechos más básicos y fundamentales, como ya hacemos con otros muchos trabajadores. Además, esta movilización constante implica, a largo plazo, la pérdida de un capital humano muy valioso para la construcción de la sociedad venidera, que será captado por universidades y centros de investigación extranjeros.

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3 Respuestas a “Acabar con la endogamia universitaria, sí. Pero ¿a qué coste?

  1. Tela la reflexión Sergio…….. y del tirón, por lo que parece.
    Algunos pensamientos para hilar y coser colaborativamente :
    ……..Endogamia o nepotismo ??
    – La teoría del agua, cuando cierras la puerta el agua pasa por debajo…………
    – La casa del saber, pero también del saber hacer y del saber estar……………………….-
    – El “oasis català” polític versus el “oasis universitario”…….. –
    -Ei que no ens farerm mal ???
    – El valors es defensen també en èpoques de vaques grosses i no només en èpoques de vaques flaques………………
    – Si las normas han permitido impugnar siempre, porquè no se ha ejercido ??……………..
    – La utopia PERMANENTE HA DE SER LA IGUALDAD DE OPORTUNIDADES…..
    – Los pàrrafos 7,8,9,10,11 y 13 dónde hay que firmar ???

  2. Pingback: Enseñar en la Universitat de Barcelona | Divergencia y docencia universitaria·

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